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Últimamente el cielo está precioso.
Supongo que es porque tú estás ahí arriba.
Porque no os olvidamos, quiero dedicar un minuto de silencio, aunque se merecen millones más, a todos aquellos que fueron víctimas de la barbarie de los terroristas.
Porque ese silencio contiene:
  • Todas las palabras que anidan en mi corazón y que no sé cómo decir.
  • Todas las lágrimas que quiero derramar pero no me atrevo, porque no tengo derecho a llamar dolor a lo que siento. Dolor es lo que sienten los que han perdido a alguien ahí. Yo, por ese lado, soy afortunada.
  • Todas las palabras de ánimo que no puedo decir a esa gente que perdió a alguien.
  • Todo lo que me callo y lo que quiero decirles a esos asesinos.
  • Todo el miedo que siento, porque eso nos podría pasar a todos.
  • Todo el valor que creo que tengo, porque eso nos ha hecho más fuertes.
  • Todo el apoyo hacia las víctimas.
  • Todos los latidos que se dejaron de escuchar hace siete años.
  • Todo el resentimiento hacia aquellos que necesitan que pase algo como esto para que se den cuenta de que la humanidad se está yendo a la mierda.
  • Toda la luz que contienen los millones de velas que se encienden todos los años por ellos.
  • Todas las almas de las personas que hoy han pensado en ellos.
Once cosas, once de marzo. Un día negro, un día de dolor, de lágrimas. Y también de esperanza, porque espero que eso no vuelva a repetirse jamás. Merece la pena pensar que por asesinos como esos la gente tiende a ser mejor persona, aunque sea solo por un día.

Ithilwen <3

Ya no volverá

Las lágrimas resbalan por su cara como un puñal en un corazón de piedra. Desde ese banco ve cómo cientos de familias felices sonríen mientras juegan con la nieve. Ella sabe que jamás podrá hacer eso porque todas sus esperanzas se esfumaron aquel invierno junto a él. Sabía que pasaría porque todo se estaba volviendo demasiado extraño. Y se dio cuenta cuando el tren se marchó de la estación y vio su mirada vacía por el cristal.

El vaho escapa de su boca en un suspiro helado. Una sonrisa irónica se forma en sus labios, unos labios que él jamás volverá a besar, unos labios que ya nunca formarán sonrisas sinceras, porque cualquier rastro de alegría que podía haber en su corazón se coló en ese tren y escapó del brazo de aquel monstruo hombre.

Ella arruga el papel que tiene entre las manos y lo comprime en su mano. Se hace daño pero eso solo sirve para que más lágrimas broten de sus ojos. Ella es la única culpable de aquello. Se enamoró de aquellos ojos, los convirtió en algo indispensable para vivir y ahora que se han marchado no sabe cómo continuar con su vida. Hay días que no tiene fuerzas ni de salir de esa prisión que tiene por hogar, aún no ha tenido el valor de mirarse al espejo, de enfrentarse a la realidad. Quiere creer que él volverá tal y como se marchó, que un día le llegaría una carta o una llamada de teléfono, pero en el fondo de su corazón sabe que eso jamás ocurrirá, que él la ha olvidado, que ya tiene otra mujer a quien decirle palabras bonitas al oído.

El fantasma de su amor se burla de ella desde la distancia, todo le parece una cruel broma del destino pasado. Sus manos empiezan a temblar. Le da un beso a la bola de papel y sacando fuerzas de flaqueza lanza la bola contra aquel fantasma, haciéndolo desaparecer. Se levanta del banco y, llorando, echa a correr, alejándose de aquel lugar maldito.
εïз
Unos pasos caminan por la nieve que hay en aquel parque tan especial. Sus pies se topan con una bola de papel arrugada con carmín en un lado. Se agacha a cogerla sintiendo una corazonada. Aquel carmín era el que ella usaba. Lo había besado tantas veces... Abrió el papel y sus esperanzas se rompieron en mil pedazos. Es una foto de ellos dos besándose en aquel mismo parque. No esperaba que ella hubiese superado su partida, quería creer que seguía amándole, pero ahora que ve aquella foto sabe que no es así, que le ha olvidado, que ha tirado sus fotos. Y él es el único culpable por marcharse cuando no debía, por ser tan cobarde y hacer daño a la persona a la que más quiere. Guarda la foto en el bolsillo de su abrigo y se aleja de allí corriendo mientras las lágrimas brotan de sus ojos.

Todas las canciones tienen una historia

Tantas veces le había oído tocar que me sabía perfectamente todas las canciones que su piano susurraba. Tenía un don especial, componía canciones inspiradas en la gente que conocía e intentaba que las melodías encajasen con su personalidad. Huelga decir que siempre lo conseguía y no puedes imaginarte de qué manera. Una vez compuso una para mí. No recuerdo cómo se llamaba, sólo sé que era una de las dos canciones más bonitas que había tocado nunca. La otra se la compuso a su madre el día en que ella murió. No podría explicar con palabras cómo era, pero te hacía llorar, por muy insensible que fueras. Ahí supe que tenía un don, aunque él no lo reconociese nunca. Desde aquel día sólo tocó para mí, por las mañanas. Era tan maravilloso despertarse con esa música que, por muy malo que fuera el día, siempre parecía bonito. Solo tocó dos veces esa canción, una en el entierro de su madre; la otra minutos antes de morir. Siempre recordaré aquella melodía.

Desde entonces ningún día ha sido bonito.



Ithilwen <3

Malditos complejos que siempre sacan lo peor...


Dieciséis añitos, fiera, me creía el rey del mundo, con mi lema por bandera: "Lo que digan yo no escucho". No había nadie que pudiera lograr que cambiara un poco el rumbo, con mi idea la primera y que no agobiaran mucho. Y así fue, me rebelé contra todo, hasta el Sol, viviendo entonces una distorsión y me enfadé con el mundo. Malditos complejos que siempre sacan lo peor. Pensé "en la fuerza estará lo mejor", me disfracé de uno que no era yo. Buscando esa firmeza llegué a un lugar negró y pensé que eso era el valor. Y sufrí de tal manera por dejar de ser quien era, por pensar que ser cobarde, era ser lo que creyeran. Los valientes son los que son de verdad, ni los fuertes, ni sus guerras. Los valientes son los que saben llorar con la cara descubierta. Y así fue, me rebelé contra todo, hasta el Sol, viviendo entonces una distorsión y me enfadé con el mundo. Malditos complejos que siempre sacan lo peor.  Pensé "en la fuerza estará lo mejor", me disfracé de uno que no era yo. Buscando esa firmeza llegué a un lugar negró y pensé que eso era el valor. El valor es mirarme hoy a la cara y ser quien soy. Y así fue, me rebelé contra todo, hasta el Sol, viviendo entonces una distorsión y me enfadé con el mundo. Malditos complejos que siempre sacan lo peor.  Pensé "en la fuerza estará lo mejor", me disfracé de uno que no era yo. Buscando esa firmeza llegué a un lugar negró y pensé que eso era el valor. Dieciséis añitos, fiera.

16 añitos, Dani Martín.

Érase una vez bajo un cerezo...

Le encontré bajo un árbol, un hermoso cerezo en flor que había sido testigo de derroches de besos, caricias y reproches de cientos de parejas rotas.

-¿Qué haces tú aquí? ¿Te ha enviado ella? –susurró cuando se dio cuenta de que estaba detrás de él.

-Ella no tiene nada que ver con esto. He venido por mi cuenta.

-Genial –se giró hacia mí y vi que tenía las mejillas brillantes y húmedas, había estado llorando.

Retrocedí un paso, aquella mirada plagada de lágrimas me asustó, jamás había visto a mi hermano llorar. Por un momento olvidé el motivo por el cual estaba allí.

-Dan, ¿qué te pasa? ¿Por qué lloras?

No contestó, en ese momento recordé que él había dejado a mi mejor amiga, que ella me había pedido que viniese a hablar con él, ya que no contestaba sus llamadas. De hecho llevaba una semana sin aparecer por casa. Me senté a su lado y apoyé la cabeza en su hombro.

-Si fuiste tú el que decidió dejarlo, ¿por qué te lamentas ahora? So…

-Ni se te ocurra decirlo –musitó-.

-…nia. Perdón, ella está fatal, ha intentado cortarse las venas y todo.

Soltó una amarga carcajada mientras una lágrima resbalaba por su mejilla y caía hacia su regazo.

-Lo digo en serio. ¿Por qué lo hiciste? Creía que era lo que más querías en el mundo.

-No lo era.

-¿Entonces por qué salías con ella?

-Es lo que más quiero en el mundo.

-Mira, Daniel, no te entiendo. Primero la dejas, luego no apareces por casa, vengo aquí, te encuentro llorando y me dices que aún quieres a alguien a quien has hecho muchísimo daño. ¿Qué demonios te pasa? Eres mi hermano mayor, se supone que tengo que tomar ejemplo de ti ¿no? –Mis ojos se llenaron de lágrimas al ver que Daniel seguía con la mirada al frente, derramando lágrimas y sin hacerme caso- ¿por qué la dejaste?

Por segunda vez desde que estaba allí me miró, y vi en sus ojos algo que consiguió que mi corazón se encogiera.

-Ana, recuerdas que hace una semana fui al médico por unas pruebas que me hicieron ¿verdad?

Asentí levemente.

-Dan, me estás asustando mucho.

-En esas pruebas me diagnosticaron un tumor en el pulmón.

-¿Van a operarte? Oh Dios mío.

Me miró fijamente y supe que no le iban a operar. Mis ojos se desbordaron.

-Es demasiado tarde –susurró.

No podía ser cierto. Mi hermano no podía morir. Era imposible, debía de ser una broma, si, era una broma de mal gusto de mi hermano, de esas que sólo le hacen gracia a él. Me reí, a carcajada limpia, una carcajada demente.

-Que gracioso eres, Dan. Pero deja ya de bromear, no es justo. En serio, ¿por qué dejaste a Sonia?

-Ana, voy a morirme, no es ninguna broma.

Entonces me di cuenta de que era verdad. Mi hermano iba a morir. Intenté parecer fuerte, pero no podía, quería demasiado a Daniel como para dejarlo pasar. Me abracé a él con todas mis fuerzas, como si de aquella manera pudiera quedarme con él para siempre.

-¿Tiempo? –fue lo único que conseguí articular entre sollozos y lágrimas.

Pasó un brazo por mis hombros y entonces lo vi.

Una piedra afilada llena de sangre.

Abrí los ojos desmesuradamente y me separé de él.

-¡¡NO!! –grité-. ¡¡NO PUEDES HACERNOS ESTO!!

Daniel giró los brazos y pude ver dos marcas rojas en sus muñecas, tenía los dos antebrazos cubiertos de sangre.

-Lo siento, Ana. Dile a mamá y a papá que les quiero.

-¡¡Y YO QUÉ!! –sollocé-. ¿CÓMO HAS PODIDO SER TAN EGOÍSTA? –Entonces me derrumbé, me mareé y tuve que sentarme- No puedes irte, no puedes hacernos esto. No puedes dejarme sola. ¡¡DANIEL!! ¡¡CONTESTAME, MALDITA SEA, DI ALGO!!

No habló. Me arrodillé delante de él y le puse las manos en las mejillas, alcé su cabeza, un peso muerto. Sus ojos estaban vacíos. Se había ido.

Solté un aullido de rabia. Me levanté y di un puñetazo al árbol, me arañé las manos, un puñado de astillas se clavaron en mis dedos, pero no me importaba, eso no era nada comparado con el dolor que sentía en el pecho.

Leí en el árbol una inscripción ensangrentada, un corazón rodeaba dos nombres, Daniel y Sonia.

Cogí la piedra con la que mi hermano se había quitado la vida y vi en el reverso la misma inscripción que en el árbol. Deposité la piedra en la mano de mi hermano y me abracé a él.

Derramando lágrimas al final me quedé dormida.

*  *  *  *  *

Les encontraron bajo un árbol, un hermoso cerezo en flor que había sido testigo de derroches de besos, caricias y reproches de cientos de parejas rotas. Un cerezo que había visto cómo un chico se quitaba la vida y cómo su hermana la perdía para siempre. Un cerezo que desde aquel día no volvió a florecer jamás..

Hasta siempre

Ella te regaló tu primera bicicleta, fue tu primera canguro y siempre estuvo ahí cuando tus padres se iban. Te daba dinero cuando ibas a verla, no mucho, sólo lo que tenía en su monedero y lo que le permitía su escasa pensión pero sólo por eso querías ir a su casa. Te compraba chucherías, te daba caramelos y desobedecía a todo lo que le decía tu madre sólo para ganarse tu cariño, porque para las abuelas los nietos son lo más importante de su vida, tal vez sólo superados por los hijos.

Cuando le pedías que te leyese un cuento antes de irte a dormir y ella te respondía que no sabía leer te enfurruñabas y te dormías sin darle un beso de buenas noches, sin saber que tal vez al día siguiente no volvieras a verla. Lo que ella más deseaba era que tú cogieses el libro y le leyeses el cuento de la cenicienta, porque ella jamás lo leyó.

¿Y quién te cuidaba cuando te ponías malo y tus padres se iban a trabajar? Para ti eran los potingues asquerosos y raros de tu abuela, pero ¿verdad que siempre hacían efecto? Nunca se lo agradeciste.

Cuando las chucherías ya no te emocionaban tanto, te diste cuenta de que sus caramelos estaban duros y el poco dinero que ella podía darte no era suficiente, dejaste de querer ir a su casa, pero ella seguía queriéndote como entonces. Cuando te diste cuenta de que estaba sola y que todo el mundo la trataba como a un trozo de pared en el suelo fue demasiado tarde. Pero ella nunca dejó de quererte, ni siquiera cuando le hablabas mal o cuando estabas harto de que se metiese en tu vida porque no la entendía.

Ella lloraba en silencio y a solas, porque siempre estaba sola, pero tú la veías como a una vieja viuda y anticuada. Ella siempre te vio como lo más bonito del mundo entero. Pensabas que era una pesada porque siempre estaba dándote besos y pellizcándote los mofletes, pero no sabías que era porque no quería olvidarte nunca cuando se fuese, porque tenía poco tiempo y porque nunca pensó que llegaría a tu comunión. Lo que más deseaba era poder llegar a verte en tu boda, pero se fue mucho antes de eso, justo cuando tú te diste cuenta de que no ha vivido en tu época, que ella jamás tuvo una abuela que le comprase chucherías y que le diese todos sus caprichos, que empezó a trabajar a una edad en la que tú ni siquiera sabías lo que significaba trabajar, cuando te diste cuenta que ha vivido una guerra y que ahora mismo podías no estar en este mundo.

Ella te quería muchísimo y tú se lo pagabas escabulléndote de ella cuando podías, intentando no ir al hospital cuando estuvo ingresada. No dándole lo que más quería, verte por última vez antes de irse.

Y ahora ya es demasiado tarde. Ya no está, se ha ido y jamás volverá.

Ithilwen <3

Esther

En la celda solo había una ventana, una diminuta ventana por donde asomaba un pequeño pedacito de cielo, tan pequeño que solamente podía ver una estrella. Esa estrella estaba entre dos barrotes y era distante, fría, hermosa y con luz propia, como mi Esther.

La miro por las noches antes de dormir y hablo con ella para que no se sienta sola en ese inmenso cielo, pero ella nunca responde. Tampoco esperaba que lo hiciera, las estrellas no deben hablar.

Ella era mi princesa, mi niña, mi estrella, y ahora no sé absolutamente nada de ella. Sólo sé que cuando deje de brillar en el cielo habré perdido a Esther para siempre, y en ese momento mi vida dejará de tener sentido.

Ithilwen <3