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Del cielo una lágrima a sus ojos llueve.

Fuera llovía, al igual que en los ojos de aquella joven que observaba el mundo a través de la ventana. El cielo era del mismo gris que su existencia y las gotas se aferraban al cristal con la misma desgana que ella a la vida.

Nunca había sido una chica de muchas palabras. Vivía a través de los personajes de sus libros y eso era todo lo que necesitaba para ser feliz… pero entonces se dio cuenta de que no era así. Soñar ya no era suficiente. Observar la realidad desde el exterior ya no era una opción. Ser invisible no era el camino.

Había pasado tanto tiempo huyendo de los rayos de alegría que daban color a su vida que ya no recordaba lo que era sentirse querida, tener un motivo para sonreír cada mañana, cada noche, a todas horas; que los días no fueran un lastre, sino un aliciente. Y realmente quería que todo ello cambiara. Quería descubrir el sentido de la amistad, no tener que esconderse nunca más, eliminar de su vida el miedo a equivocarse, hacer realidad sus sueños. Amar, reír, sentir, vivir, llorar, reír más fuerte aún. Dejar de ser una marginada para volar tan lejos como le permitiera el cielo.

Y supo que era posible cuando recordó cada sonrisa, cada palabra amable y cada mirada llena de ternura que había recibido de aquellos que sabían que estaba ahí cuando era invisible.

Las gotas se aferraban al cristal con la fuerza que la ataba a ella a la vida, y el cielo era de un azul tan vivo como sus ganas de pasar página. Fuera llovía, pero en sus ojos se había disipado la tormenta y, después de mucho tiempo, volvió a salir el sol.

¿Empezar de cero o caminar por el infinito?

Todo falla, necesito aire fresco. Y sin embargo me da pena derribar los muros que sostienen esta casa y empezarla desde los cimientos. Es tan bonita... O eso es lo que aparenta la fachada de piedra con flores en las ventanas de madera. Pero los postigos están siempre cerrados y nadie sabe que el interior está podrido. No lo ven. No pueden. No quieren. Prejuicios. 

¿Y yo qué hago? ¿Dejo que sigan pensando que la casa es hermosa o abro las ventanas para que la luz del día muestre la podredumbre? 

Debería irme, dejar todo atrás. Rehacer mi vida lejos de los que piensan que soy perfecta y esperar a que haya alguien que se digne a limpiar el interior, a tirar los desechos y a llenar de alegría, jovialidad y jarrones de flores a esta casa que se ha perdido a sí misma. Mas el orgullo no me permite hacerlo. 

Sé que el infinito existe, y estoy dispuesta a llegar hasta él.

Direcciones.

A veces siento como si fuera en la dirección correcta en un mundo en el que está de moda ir a contracorriente.


Pero ¿cómo sabes cuál es la correcta si cada uno va en la dirección que le da la gana?

Confía en tus principios, en la razón, dicen unos. Confía en tu corazón, te animan otros. ¿Y qué haces cuando ambos quieren tomar caminos opuestos? ¿Por dónde se escapa del campo de batalla? No hay vía de escape. Hay que luchar. Luchar hasta que no puedas más, hasta que te falte el aliento.

Y las consecuencias son obvias. Si gana el corazón: la pierdes. Si gana la razón: te pierdes.

En cualquier caso, no te atrevas a intentarlo, 
no puedes permitírtelo. Hay demasiado en juego.

Si lo expresaras en voz alta la carga se aliviaría, todo sería más fácil de soportar. Callártelo solo hace que te atormente más, pero si lo dices en voz alta, se hará más real, y cuanto más real sea, más costará eliminarlo, olvidar que está ahí, que no existe. Ese sentimiento tan contradictorio. Ese sentimiento por el que muchos han matado y otros tantos han muerto. Te niegas a creer que existe, te niegas a confiar en él. Y eso será tu perdición, pero también tu mayor logro.

¿Qué debes hacer? Si ni el corazón ni la razón se ponen de acuerdo, espera a que el tiempo decida. Así tal vez las cosas estén más claras. Espera, ten paciencia.

Y no dejes de luchar...
Although this war is far from over.

Cuestión de perspectiva

Tú siempre decías que la muerte era el fin de todo. Yo en cambio decía que la muerte no era más que el principio.


Tú veías el vaso medio vacío y yo lo veía medio lleno. Nunca nos dimos cuenta de que en realidad estaba a la mitad y siempre había estado así hasta que te lo bebiste y lo dejaste completamente vacío.

Tú eras la Luna y la noche, yo era el Sol y el día. Juntos éramos un perfecto eclipse, un atardecer o un amanecer, da igual cómo quieras decirlo.

Pero ahora eso ha cambiado, la puerta que cerraste con un predecible portazo ahora se ha convertido en nuestro tu muro de las lamentaciones, en nuestra tu tortura, en una muralla infranqueable que separa nuestras vidas. Tú te quedaste fuera de mi corazón y yo dentro del tuyo, o no. Supongo que depende de cómo lo mires, a mi esto ya me dejó de importar hace mucho tiempo MENTIRA.

Ahora cada vez que veo unos ojos azules la nostalgia rabia y el anhelo odio me invaden y no puedo evitar pensar que todo fue culpa tuya, o puede que fuese mía. Tú eras pura oscuridad y yo era pura luz, o viceversa, menuda combinación ¿verdad? No sé cómo pudimos soportarlo tanto tiempo. Por eso no me extrañó que aquel día todo estallase y salpicase de dolor las paredes impolutas que cubrían mi corazón.

Y ahora tú estás martilleandote esa maravillosa cabezota hueca que tienes y diciéndote que no tenías que haberte ido, y yo estoy aquí, en el lado de la puerta que me corresponde, con aquellas palabras de amor  de rabia que me echaste en cara martilleandome la cabeza. O puede que sea al revés, ya no lo sé, ni quiero saberlo.

Supongo que todo es cuestión de perspectiva.