En la celda solo había una ventana, una diminuta ventana por donde asomaba un pequeño pedacito de cielo, tan pequeño que solamente podía ver una estrella. Esa estrella estaba entre dos barrotes y era distante, fría, hermosa y con luz propia, como mi Esther.
La miro por las noches antes de dormir y hablo con ella para que no se sienta sola en ese inmenso cielo, pero ella nunca responde. Tampoco esperaba que lo hiciera, las estrellas no deben hablar.
Ella era mi princesa, mi niña, mi estrella, y ahora no sé absolutamente nada de ella. Sólo sé que cuando deje de brillar en el cielo habré perdido a Esther para siempre, y en ese momento mi vida dejará de tener sentido.
Ithilwen <3
