¡Que te vaya bien, princesa!

Lo tienes todo, cientos de vestidos, mil pares de zapatos, treinta criadas que te besan los pies y trescientos admiradores secretos. Vas al mejor colegio de Nueva York, paseas por las mejores calles, compras en las mejores tiendas y tienes los mejores vestidos pero, ¿de verdad es eso todo a lo que aspiras? Para ti eso es todo ¿verdad? Claro, no has conocido otra cosa…

Te crió una mujer que cobraba por ello porque tus padres estaban demasiado ocupados para hacerte caso y tú intentabas hacerte notar, de pequeña montando pataletas, ahora drogándote y emborrachándote, montando fiestas enormes y obligando a las más pequeñas a ser como tú. Eres manipuladora, egocéntrica y odiosa, pero no te culpo, es lo que los demás han hecho de ti.

Ya me contarás cómo se ve el mundo detrás de una cortina de humo y drogas, porque cuando estés emparedada en tu muro de vanidad, arrogancia y dinero, yo estaré viviendo mi vida, tal y como yo quiero, mientras que tú jamás podrás hacer eso porque nada más nacer te planifican el futuro, te graban a fuego en la conciencia que tienes que casarte con un ricachón, aunque no le quieras, sólo porque es bueno para ti.

Si, puede que yo sólo tenga tres amigos nada más, pero son de verdad, tú en cambio tienes tantos que ni siquiera sabes cómo se llaman, sólo te quieren por tu dinero y por tu influencia, seguro que amigos de verdad tienes aún menos que yo.

Tendrás todo lo que se pueda comprar con dinero, pero jamás podrás comprar el amor de tus padres, a los amigos de verdad o la libertad para hacer lo que te plazca, y lo sabes, por eso me odias tanto e intentas hacerme la vida imposible, para que no sea feliz, para que sea como tú.

Ya estoy harta de tus jueguecitos, intenté ser tu amiga y me diste la espalda ¿por qué? Porque vivo en el ático de un pisito de Brooklyn, el cual pago con dinero que he ganado por mí misma limpiando mesas en un bar y no por ser una niña de papá.

Que te vaya bien, princesa, construye un castillo de lágrimas en torno a tu corazón, enciérrate en él y hazte la valiente mientras ves cómo todo tu mundo se desmorona. Yo no estaré allí para recogerte de entre las ruinas del castillo, la criada te ha robado el caballo y se ha ido a buscar al príncipe que tú no te mereces.

¡Cuidado, no bajes nunca la cabeza para mirar a tu alrededor! No vaya a ser que se te caiga la corona.